martes, 29 de diciembre de 2009

Ser gobernado significa ser...

Ser gobernado significa ser vigilado, inspeccionado, espiado, dirigido, legislado, reglamentado, encasillado, adoctrinado, sermoneado, fiscalizado, estimado, apreciado, censurado, mandado por seres que no tienen ni título, ni ciencia, ni la virtud. Ser gobernado significa, con motivo de cada operación, en cada transacción, ser anotado, registrado, censado, tarifado, timbrado, tallado, cotizado, patentado, licenciado, autorizado, apostillado, amonestado, contenido, reformado, enmendado y detenido.
Es, bajo el pretexto de utilidad pública y en nombre del interés general, ser expuesto a contribución, ejercido, desollado, explotado, monopolizado, depredado, mistificado, robado; luego, al menor movimiento de resistencia, a la menor palabra de protesta, reprimido, multado, vilipendiado, vejado, acosado, maltratado, aporreado, desarmado, agarrotao, encarcelado, fusilado, ametrallado, juzgado, condenado, deportado, sacrificado, vendido, traicionado y para colmo, burlado, ridiculizado, ultrajado y deshonrado.
¡He aquí el gobierno, he aquí su moralidad, he aquí su justicia!

J.P.Proudhon

lunes, 14 de diciembre de 2009

Yo quiero un dulce cigarrillo de sus blancas manos.

14 de diciembre del 2009.


Espantado de todo, me refugio en ti.
Tengo fe en el mejoramiento humano,
en la vida futura, en la utilidad de la virtud, y en ti.
Si alguien te dice que estas páginas se parecen a otras páginas,
diles que te amo demasiado para profanarte así.
Tal como aquí te pinto, tal te han visto mis ojos.
Con esos arreos de gala te me has aparecido.
Cuando he cesado de verte de una forma,
he cesado de pintarte.
Esos riachuelos han pasado por mi corazón.
José Martí.

Siempre he creído que las caminatas nos sirven para reflexionar. Claro, sin que se nos presente un calor tremendo y surja ese molesto sudor que empape tu frente y haga que todo paso sea una verdadera pesadez. Creo que el clima perfecto es el frío moderado y, si se puede pedir demasiado, caminando después de la lluvia. Porque siento que es como si el agua nos pusiera una alfombra natural que hace flotar nuestros pies y hace menos la fricción al caminar.

Hoy recuerdo tu pregunta recién, ¿recuerdas? Sí, sobre si ya estaba enamorado de ella. ¿Que por qué recuerdo esa pregunta? Pues porque he estado pensándole una respuesta. Y no es que sea difícil responderme eso, lo difícil es, ciertamente, las medidas que debería tomar si es que en verdad lo estoy.

Si decides seguir escuchando más acerca de ella, intentaré describírtela con más precisión. Quisiera poder narrar el sentimiento enorme que ella ha provocado en mi, pero por desgracia mis palabras son tan limitadas y tan simples, que no lograría acercarme un poco más a la descripción de la anterior carta, que por cierto, he de confesarte, me costó mucho trabajo. Pero aún así lo intentare, ella lo vale.

Primero quisiera contarte acerca del recuerdo que tengo todavía muy presente sobre el día que la conocí. Esa temporada, que está pronto por cumplir ya un año, fue un dolor profundo en mi familia. Nos cayó una de esas pérdidas que no se perdonan a ningún dios. Uno de esos dolores que solo les llega a la gente como nosotros. Pero este no es lugar para contarte de dolores reales y certeros. Sino para mostrar la enorme alegría que me hace sentir cada vez que la veo venir mirándome fijamente a los ojos.

Sabes, del día que la conocí recuerdo que ella estaba recargada en la pared mirándome fijamente aquel día que llegué por primera vez a ese lugar. Recibí unos papeles suyos y, de inmediato, pasó de largo frente a mí. Poco a poco y día a día la fui conociendo. Supe de su carácter y sus desplantes de digna soberbia que tanto hacen falta hoy a la gente, y que ella, tan bien, sigue manejando ahora que estamos juntos. Inmediatamente noté que era muy diferente a las demás, por no decir superior. Es de esas personas que llaman la atención desde el primer momento que tu mirada las enfoca. En estos tiempos sé que eso no importa, sino más bien, qué tan fácil te seria poder tener un contacto más cercano y fácil para llegar a la intimidad. Pero eso no importa para mí. Yo solo, desde el primer día, la he querido leer de pies a cabeza.

Ahora ha pasado tanto tiempo, y su mirada es más profunda cuando me ve. Mi reflejo en sus ojos me dice que vamos por buen camino. Creo que lo demuestra mi felicidad al verla como toma, por ejemplo, un cigarro con sus manos blancas y lo lleva hacia su boca lentamente con su mirada fija en algún aspecto de nuestro alrededor. Sabes, me encanta abrazarla fuertemente porque al regresar a casa su olor se queda impregnado en mis brazos y antebrazos y al irme a descansar regresa ese olor que me alienta a dormir tranquilamente en la habitación oscura que un día compartimos exhaustos.

El sol y la frente de su blanca cara crean una resplandor que muy pocos lograrían descifrar. Es una de esas incógnitas que si no eres observador, jamás notarias. Afortunadamente tengo la suerte de notar ese tipo de cosas.

¿Quieres que te describa un poco más? Pero espera, necesito uno de esos cafés negros que empapan el alma para cocinarla lentamente con los latidos del corazón y el ir y venir del aire que atascan los pulmones malgastados. Un café negro y un cigarrillo frente a este ordenador. Un silencio inhóspito que se nos regala a las dos de la madrugada. Yo siempre he creído que del silencio surgen las mejores palabras.

Y con las palabras podemos escribir los bellos recuerdos. Esos bellos recuerdos que nos traen sensaciones y pulsaciones que hacen temblar los párpados cuando tus ojos están cerrados y estas recargado en algún lugar con los brazos extendidos y como flotando en el aire.

Yo recuerdo que el día de mi cumpleaños al caminar yo y ella pudimos ver una hermosa luna saliendo por el oriente al esfumarse la luz de la tarde. Tengo hermosas sensaciones a su lado. Hoy, en este invierno que nos ha traicionado por no traernos esos fríos exquisitos, he hecho una promesa relacionada con ella. ¿Quieres que te la cuente? ¿Prometes no reírte ni burlarte?

Está bien. En la próxima carta te la diré.

sábado, 28 de noviembre de 2009

Un Pingüino en la Selva Lacandona ( I )

(La zapatista es apenas una casita, acaso la más pequeña, en una calle llamada “México”, en un barrio llamado “Latinoamérica”, en una ciudad llamada “Mundo”).

No me lo van a creer, pero en el Cuartel General del ezetaelene hay un pingüino. Ustedes dirán “¡Ah qué el Sup!, ya se le fundieron los fusibles por la Alerta Roja”, pero es la verdad. Es más, mientras les escribo esto, él (o sea el pingüino) está aquí a mi lado, comiendo del mismo pan duro y rancio (tiene tanto moho que le falta un grado para ser penicilina) que, con el café, me tocó como ración de hoy. Sí, un pingüino. Pero de esto les cuento más luego, porque primero hay que platicar un poco de la Sexta Declaración.

Hemos leído con atención parte de las dudas, críticas, consejos y debates sobre lo que planteamos en la Sexta. No todas, es cierto, pero adjudíquenlo no a la desidia, sino a la lluvia y el lodo que alargan todavía más los caminos en las montañas del Sureste Mexicano. Aunque son muchos los puntos, en este texto sólo me referiré a algunos de ellos.

Algunos de los ejes de crítica se refieren al llamado a un nuevo intercontinental, al carácter nacional mexicano de la Sexta Declaración y, de la mano de éste, a la propuesta (todavía es sólo eso, una propuesta) de unir la lucha indígena a las de otros sectores sociales, marcadamente a las de los trabajadores del campo y la ciudad. Otros se refieren a la definición de izquierda anticapitalista, y a que la Sexta toca “temas viejos” o utiliza conceptos “desgastados”. Algunos más advierten peligros: el desplazamiento del tema indígena por otros y, por consiguiente, el arrinconamiento de los pueblos indios como sujetos de transformación; el vanguardismo y centralismo que pudiera surgir en la política de alianzas con organizaciones de izquierda; la sustitución del liderazgo social por el político; el que la derecha use al zapatismo para golpear a López Obrador, o sea al centro político (yo sé que esos señalamientos dicen que AMLO es de izquierda, pero él dice que es de centro, así que aquí tomamos lo que él dice, no lo que dicen por él). La mayoría de estos señalamientos son bien intencionados y buscan ayudar, bien advirtiendo obstáculos en el camino, o bien aportando opiniones de cómo podría crecer el movimiento que pretende despertar la Sexta. Todo esto lo agradecemos, lo valoramos y lo tomamos en cuenta.

De la tijera y el engrudo.

Dejaré de lado a quienes lamentan que la alerta roja no haya culminado en la reanudación los combates ofensivos por parte del EZLN. Sentimos no haber cumplido con sus expectativas de sangre, muerte y destrucción. Ni modos, discúlpenos. Tal vez en otra ocasión… También quedan a un lado las críticas deshonestas. Como las de quienes editan el texto de la Sexta Declaración para que diga lo que quieren que diga. Esto es lo que hace el señor Víctor M. Toledo en su artículo “El zapatismo rebasado. Sustentabilidad, resistencias indígenas y neoliberalismo”, publicado en el periódico mexicano La Jornada (18 julio 05). Creo que se pueden debatir los propósitos y métodos que plantea la Sexta Declaración sin necesidad de ser deshonestos. Porque, aplicando el método de “la tijera y el engrudo”, el señor Toledo edita la Sexta para señalar que le falta… lo que le cortó. Dice Toledo:”Sorprende que (el EZLN en la Sexta Declaración) decida unir sus esfuerzos a campesinos, trabajadores, obreros, estudiantes, mujeres, jóvenes, homosexuales, lesbianas, transexuales, sacerdotes, monjas y luchadores sociales, y que no haga una sola referencia a las miles de comunidades indígenas volcadas a la búsqueda de la sustentabilidad”.

Bueno, las partes que el señor Toledo editó de la Sexta dicen lo contrario. Por ejemplo, en el segmento donde se reconoce la existencia de resistencias y alternativas al neoliberalismo en México, y como primer lugar en la enumeración de ellas, se señala: “Y así nos enteramos que hay indígenas, que sus tierras están retiradas de aquí de Chiapas, y que hacen su autonomía y defienden su cultura y cuidan la tierra, los bosques, el agua”. Tal vez el señor Toledo esperaba un recuento detallado de esas luchas indígenas, pero eso es una cosa, y otra muy diferente, y deshonesta, es decir que no se hace ni una sola referencia. En el recuento que hace el señor Toledo de los esfuerzos a los que el EZLN decidió unirse, ha cortado al primer grupo social al que se refiere la Sexta, que dice, textual: “Y entonces, según el acuerdo de la mayoría de esa gente que vamos a escuchar, pues hacemos una lucha con todos, con indígenas, obreros, campesinos, etcétera.”. Y no sólo, el primer punto de la Sexta propiamente dicha señala: “1.- Vamos a seguir luchando por los pueblos indios de México, pero ya no sólo por ellos ni sólo con ellos, sino que por todos los explotados y desposeídos de México, con todos ellos y en todo el país “. Y en el colofón de la Sexta se dice “Invitamos a los indígenas, obreros, campesinos,… etcétera”. En fin, imagino que habrá, entre los irritados por nuestras críticas a López Obrador y al PRD, argumentos más serios, y honestos, para el debate. Tal vez algún día los presenten. Esperaremos, es nuestra especialidad.

De en este barrio no te queremos.

Están también las críticas, aunque más soterradas, a que la Sexta Declaración se refiera a algunos temas internacionales y al modo en que son tocados. Así, algunos critican que nos refiramos al bloqueo que el gobierno norteamericano mantiene contra el pueblo de Cuba. “Es un tema muy viejo”, dicen. ¿Qué tan viejo? ¿Tanto como el bloqueo? ¿O tan viejo como la resistencia de los pueblos indios en México? ¿Cuáles son los temas “modernos”? ¿Quién, con honestidad, puede ver el mundo y dejar pasar, “por ser un tema viejo”, una agresión a un pueblo que hace lo que deben hacer todos los pueblos, es decir, decidir su rumbo, paso y destino como Nación (”defender la soberanía nacional” le dicen)? ¿Quién puede ignorar las décadas de resistencia de todo un pueblo ante la prepotencia Norteamericana? ¿Quién, sabiendo que puede hacer algo, aunque sea muy poco, por reconocer ese esfuerzo, no lo hace? ¿Quién puede ignorar que ese pueblo cada vez tiene que levantarse, después de una catástrofe natural, no sólo sin los apoyos y créditos de los que gozan otros países, también en medio de un cerco brutal e inhumano? ¿Quién puede hacer caso omiso de la base norteamericana de Guantánamo en territorio cubano, del laboratorio de torturas en que se convirtió, de la herida que representa en la soberanía de una Nación y decir: “vamos, ése es un tema viejo”?

Por otra parte, ¿no les parece natural que, en un movimiento mayoritariamente indígena como el zapatista, despierte simpatías y admiración lo que hacen los indígenas en Ecuador y Bolivia? Que sienta hermandad con los que no tienen tierra y luchan en Brasil. Que se sienta identificado con los “piqueteros” de Argentina, y que salude a las Madres de Plaza de Mayo. Que perciba similitudes en experiencias y organización con los Mapuche de Chile y con los indígenas de Colombia. Que advierta en Venezuela lo evidente, a saber: que el gobierno norteamericano está haciendo todo lo posible por vulnerar la soberanía de ese país. Que aplauda con entusiasmo las grandes movilizaciones en Uruguay para oponerse a la imposición de la “estabilidad macroeconómica”.

La Sexta Declaración no se refiere a instituciones de arriba, buenas o malas. La Sexta está mirando abajo. Y está mirando una realidad que es compartida, cuando menos desde las conquistas que España y Portugal hicieron en las tierras que hoy comparten el nombre de “Latinoamérica”. Tal vez este sentimiento de pertenencia a “la patria grande” que es América Latina, es “viejo”, y lo “moderno” es voltear la mirada y las aspiraciones al “norte revuelto y brutal”. Tal vez, pero si algo es “viejo” en este rincón de México, de América y del Mundo, es la resistencia de los pueblos indios.

De no te queremos en esta calle.


Hay también (resalto y resumo algunas de ellas), las críticas por pretender “nacionalizar y aún universalizar” nuestro discurso y nuestra lucha. La Sexta, nos dicen, recae en estos despropósitos. Recomiendan entonces que el EZLN se quede en Chiapas, que fortalezca las Juntas de Buen Gobierno, y que se circunscriba al compartimento estanco que le ha tocado. Que ya consolidado ese proyecto y ya que hayamos demostrado que podemos “poner en práctica una modernidad alternativa al neoliberalismo en los propios territorios”, entonces podríamos lanzamos a lo nacional, a lo internacional y a lo íntergaláctico. Frente a esos argumentos, nosotros presentamos nuestra realidad. No pretendemos competir con nadie a ver quién es más antíneoliberal o quién tiene más avances en la resistencia, pero, con modestia, nuestro nivel y aporte están en las Juntas de Buen Gobierno. Se puede venir, hablar con las autoridades o con los pueblos, hacer caso omiso de las cartas y comunicados donde hemos dado cuenta de este proceso e investigar, de primera mano, lo que aquí pasa, de los problemas que enfrenta, de cómo se resuelven. No sé ante quienes tenemos qué demostrar que todo esto es “poner en práctica una modernidad alternativa al neoliberalismo en los propios territorios” y quién nos va a calificar con palomita o tache, y, entonces sí, permitirnos salir e intentar unir nuestra lucha a otros sectores.

Además, tenemos el presentimiento de que esas críticas serían alabanzas… si la Sexta declarara el apoyo incondicional al centro político representado por López Obrador. Y, si dijéramos “vamos a salir para sumamos a las redes ciudadanas en apoyo a AMLO”, vendrían el entusiasmo, los “sí”, los “claro, hay que salir, no hay que quedarse encerrado, es hora de que el zapatismo abandone su guarida y una sus experiencias a las masas volcadas a favor del esperado”. Mmh… López Obrador. Acaba de presentar su “Proyecto Alternativo de Nación” ante las redes ciudadanas. Nosotros desconfiamos y no vemos mas que un maquillaje plástico (y que cambia según el respetable) y una lista de promesas olvidables. Como quiera, tal vez alguien pueda decirle a AMLO que no puede prometer “el cumplimiento de los Acuerdos de San Andrés”, porque eso significa, entre otras cosas, reformar la Constitución y, si mal no recuerdo, ése es trabajo del Congreso. En todo caso, la promesa la debería hacer un partido político, señalando que sus candidatos cumplirán si son elegidos. De otra forma, tendría que proponerse que el ejecutivo federal mandara sobre los otros poderes, o los desconociera. O sea una dictadura. Pero no se trata de eso. ¿O si?

En la política de arriba, los proyectos buscan, en los períodos electorales, sumar lo más que se pueda. Pero al sumar a unos, restan a otros. Entonces deciden sumar a los más, y restar a los menos. Como estructura paralela al PRD, AMLO ha creado las “redes ciudadanas” y su objetivo es sumar a los que no son perredistas. Para esas redes ciudadanas, AMLO presenta a 6 personas que van a coordinar, a nivel nacional, a todos los lopezobradoristas no perredistas. Veamos a dos de los “coordinadores nacionales”:

Socorro Díaz Palacios, Subsecretaría de Protección Civil en el gobierno de Carlos Salinas de Gortari. El 3 de enero de 1994, mientras los federales perpetraban la matanza del mercado de Ocosingo, declaró (cito el Boletín de Prensa de la Secretaría de Gobernación): “Los grupos violentos que están actuando en el estado de Chiapas presentan una mezcla de intereses y de personas tanto nacionales como extranjeras. Muestran afinidades con otras facciones violentas que operan en países hermanos de Centroamérica. Algunos indígenas han sido reclutados, presionados por los jefes de estos grupos, y también, sin duda, manipulados en torno a sus reclamos históricos que deben seguirse atendiendo”. Y más adelante: “El ejército mexicano, por su parte, seguirá actuando con gran respeto a los derechos individuales y de la población hasta dar una respuesta clara y decidida a la demanda de orden y seguridad… bla, bla, bla”. En los días subsiguientes la Fuerza Aérea bombardeaba las comunidades indígenas al sur de San Cristóbal de las Casas, y el ejército federal detenía, torturaba y asesinaba a 3 indígenas en la comunidad de Morelia, entonces en el municipio de Altamirano, Chiapas, México.

Ricardo Monreal Ávila.- En enero de 1998, apenas unos días después de la matanza de Acteal, el entonces diputado por el PRI e integrante de la Comisión Permanente del Congreso de la Unión “comentó que el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) es un grupo paramilitar, al igual que aquellos que victimaron a los 45 indígenas tzotziles el 22 de diciembre de 1997 en Chenalhó, Chiapas. “Porque paramilitar es todo aquel que actúa como Ejército sin serlo y se arma siendo civil. Todos tienen que desarmarse, porque todos han contribuido a esta violencia innecesaria, injusta y torpe en el que nos han enlutado a todos los mexicanos”, indicó” (”El Informador” de Guadalajara, Jalisco. 3/1/98). Días después, antes de pasarse al PRD porque en el PRI no le dieron la candidatura al gobierno de Zacatecas, declararía (cito la nota de Ciro Pérez y Andrea Becerril, en La Jornada, 7/1/98) que el episodio de Chenalhó (se refiere a la matanza de Acteal) sí estaba planeado, “pero no por quien asegura el líder blanco de los indígenas de piel oscura”, opina que la posición del EZLN respecto a la matanza trata de “allegarle una justificación adelantada a Marcos y a los intereses que protege”, y termina advirtiendo que el EZ sirve intereses extranjeros que buscan “obtener el dominio de la zona del Istmo de Tehuantepec, sus recursos y su ubicación estratégica, objetivo al que adecuadamente sirven Marcos y los ejércitos que disputan la bandera indígena”. Mmh… me suena, me suena… sí, es el punto 28 del programa de AMLO que dice, textual: “Vincularemos el Pacífico con el Atlántico, en el Istmo de Tehuantepec, mediante la construcción de dos puertos comerciales: uno en Salina Cruz, Oaxaca, y otro en Coatzacoalcos, Veracruz, así como ferrocarriles de carga de contenedores y la ampliación de la carretera existente “.

Con esos personajes, López Obrador se ha definido, ha sumado a unos y, con ellos, ha restado, entre otros, a los “neozapatistas”.

Pero, por otro lado, ¿por qué no hay nada en ese programa sobre los presos y desaparecidos políticos en la guerra sucia de los 70’s y 80’s?. Ni sobre castigo a los ex gobernantes que se enriquecieron de manera ilícita. Ni sobre hacer justicia en los casos de las masacres de Acteal, El Bosque, Aguas Blancas, El Charco. Me temo que, en justicia, López Obrador ofrece “borrón y cuenta nueva” lo que, paradójicamente, no es nuevo. Antes de volver a las críticas a los pronunciamientos que sobre México, Latinoamérica y el Mundo hace la Sexta Declaración de la Selva Lacandona, permítanme decirles algo:

De vamos a salir.

Vamos a salir. Vamos a salir, y más vale irse haciendo a la idea. Vamos a salir y, creo, sólo hay 4 formas de detenernos.

Una es con un ataque preventivo, tan de moda en esta etapa neoliberal. Los pasos predecibles son: acusaciones de ligas con el narcotráfico o, en general, con el crimen organizado; invocaciones al estado de derecho y pamplinas por el estilo; una campaña mediática intensa; un ataque doble (contra las comunidades y contra la Comandancia General); control de daños (es decir reparto de dinero, concesiones y privilegios entre los “voceros de la opinión pública”); las autoridades llaman a tomar las cosas con calma; los políticos declaran que lo más importante es que el proceso electoral transcurra en paz y con tranquilidad social; después de un breve impasse, los candidatos reanudan sus campañas.

Otra es tomarnos presos en el momento de salir, o en el transcurso de “la otra campaña”. ¿Los pasos? Reuniones clandestinas entre las dirigencias del PRI, PAN y PRD para hacer acuerdos (como en 2001, cuando la contrarreforma indígena); la Cocopa declara que el diálogo está roto; el Congreso vota la anulación de la Ley para el Diálogo; la PGR activa las órdenes de aprehensión; un comando de la AFI, con apoyo del ejército federal, toma prisioneros a los delegados zapatistas; simultáneamente, el ejército federal copa las comunidades indígenas rebeldes “para prevenir el desorden y mantener la paz y la estabilidad nacionales”; control de daños, etcétera.

Otra es matarnos. Etapas: se contrata a un sicario; se monta una provocación; se comete el crimen; las autoridades lamentan el hecho y ofrecen investigar “hasta las últimas consecuencias y caiga quien caiga”. Otra alternativa: “un lamentable accidente provocó la muerte de la delegación zapatista que se encontraba en trayecto hacia bla, bla, bla”. En ambas: control de daños, etcétera.

Otra es desaparecernos. Me refiero a una desaparición forzada, como la que se aplicó a cientos de opositores políticos en la etapa de “estabilidad” priísta. Ésta podría ser así: no aparecen los delegados zapatistas; la última vez que se les vio fue cuando bla, bla, bla; las autoridades ofrecen investigar; se aventura la hipótesis de un problema pasional; las autoridades declaran que investigan todas las pistas y que no se descarta que la delegación zapatista haya aprovechado la salida para huir, con una cantidad de pozol agrio, a un paraíso fiscal; la INTERPOL investiga en las Islas Caimán; control de daños, etcétera.

Éstos son los peligros iniciales con los que topa la Sexta. Para enfrentar esas posibilidades es que nos hemos preparado muchos años; es por eso que la Alerta Roja de las tropas insurgentes no se ha levantado, sólo la de los pueblos; y es por eso que uno de los comunicados señalaba que el EZLN puede perder, por cárcel, muerte o desaparición forzada, a parte o a la totalidad de su dirección conocida públicamente, y seguir luchando.

(Continuará…)

Desde las montañas del Sureste Mexicano.
Subcomandante Insurgente Marcos.
México, Julio del 2005.

Un Pingüino en la Selva Lacandona. (II)

(La zapatista es apenas una casita, acaso la más pequeña, en una calle llamada “México”, en un barrio llamado “Latinoamérica”, en una ciudad llamada “Mundo”).



Les decía yo sobre las críticas a los señalamientos que sobre México, Latinoamérica y el Mundo, hace la Sexta Declaración de la Selva Lacandona. Bueno, pues frente a ellas permítanme algunas preguntas:

De en este mundo no cabes.

¿Qué pasa, por ejemplo, hace más de una década, cuando una niña (digamos de 4 ó 6 años), indígena y mexicana, ve que su padre, sus hermanos, sus tíos, sus primos, o sus vecinos, toman un arma, una bola de pozol y un tanto de tostadas y “se van a la guerra”? ¿Qué pasa cuando algunos no regresan?

¿Qué pasa cuando esa niña crece y, en lugar de ir por la leña, va a la escuela y aprende a leer y escribir con la historia de lucha de su gente?

¿Qué pasa cuando esa niña llega a la juventud, después de 12 años de ver, oír y hablar con mexican@s, vasc@s, norteamerican@s, italian@s, español@s, catalan@s, frances@s, holandes@s, aleman@s, suiz@s, británie@s, fínlandes@s, danes@s, suec@s, grieg@s, rus@s, japones@s, australian@s, fílipín@s, corean@s, argentín@s, chilen@s, canadiens@s, venezolan@s, colombían@s, ecuatorian@s, guatemaltec@s, portorriquefi@s, dominican@s, uruguay@s, brasileñas, cuban@s, haitian@s, nicaraguens@s, hondureñ@s, Bolivian@s, y etcéter@s, y saber de cómo son sus países, sus luchas, sus mundos?

¿Qué pasa cuando ve que esos hombres y mujeres comparten con su comunidad las carencias, los trabajos, las angustias, las alegrías?

¿Qué pasa con esa niña-luego-púber-luego-jóvena después de ver y escuchar a “las sociedades civiles”, durante 12 años, trayendo no sólo proyectos, también historias y experiencias de diversas partes de México y del Mundo? ¿Qué pasa cuando ve y escucha a los obreros electricistas, trabajando con italian@s y mexican@s en la instalación de una turbina para dotar de luz a una comunidad? ¿Qué pasa cuando se encuentra con los jóvenes universitarios en plena huelga de 1999-2000? ¿Qué pasa cuando descubre que en el mundo no sólo hay hombres y mujeres, sino que la atracción y el amor tienen muchos caminos y modos? ¿Qué pasa cuando ve a jóvenes estudiantes en el plantón de Amador Hernández? ¿Qué pasa cuando escucha lo que dijeron los campesinos de otras partes de México? ¿Qué pasa cuando le cuentan de Acteal y los desplazados en Los Altos de Chiapas? ¿Qué pasa cuando conoce de los acuerdos y avances de los pueblos y organizaciones del Congreso Nacional Indígena? ¿Qué pasa cuando se entera que los partidos políticos ignoraron la muerte de los suyos y decidieron desconocer los acuerdos de San Andrés? ¿Qué pasa cuando le cuentan que los paramilitares del PRD atacaron una marcha zapatista, pacífica y para llevarle agua a otros indígenas, y dejaron a varios compañeros heridos de bala, precisamente un 10 de abril? ¿Qué pasa cuando ve a los soldados federales pasar todos los días con sus tanques de guerra, sus vehículos artillados, sus fusiles apuntando a su casa? ¿Qué pasa cuando alguien le cuenta que en un lugar que se llama Ciudad Juárez, secuestran, violan y asesinan a jovencitas como ella y las autoridades no hacen justicia?

¿Qué pasa cuando escucha a sus hermanos y hermanas, a sus padres, a sus parientes, contar de cuando fueron a la marcha de los 1,111 en 1997, a la consulta de los 5000 en 1999, platicar de lo que vieron y escucharon, de las familias que los recibieron, de cómo es su modo de los ciudadanos, de que también luchan, de que tampoco se dejan?

¿Qué pasa cuando ve, por ejemplo, a Eduardo Galeano, Pablo González Casanova, Adolfo Gilly, Alain Touraine, Neil Harvey, con el lodo hasta las rodillas, reunidos en una champa en La Realidad, platicando del neoliberalismo? ¿Qué pasa cuando escucha a Daniel Viglietti cantar en una comunidad “A desalambrar”? ¿Qué pasa cuando ve la obra de teatro “Zorro el zapato” que los niños franceses de Tameratong presentaron en tierra zapatista? ¿Qué pasa cuando ve y escucha a José Saramago hablando, hablándole? ¿Qué pasa cuando oye a Osear Chávez cantar en tzotzil? ¿Qué pasa cuando escucha a un indígena Mapuche contar su experiencia de lucha y resistencia en un país que se llama Chile? ¿Qué pasa cuando se mete a una reunión donde uno que dice que es “piquetero” cuenta de cómo se organizan y resisten en un su país que se llama Argentina? ¿Qué pasa cuando oye a un indígena de Colombia contar que, en medio de la guerrilla, los paramilitares, los soldados y los asesores militares norteamericanos, sus compañeros tratan de construirse como indígenas que son? ¿Qué pasa cuando oye a los “ciudadanos musiqueros” tocar esa música muy otra que se llama “rock” en un campamento de desplazados? ¿Qué pasa cuando sabe que los de un equipo italiano de fútbol que se llama Internazionale de Milano apoyaron económicamente a los heridos y desplazados de Zínacantán? ¿Qué pasa cuando ve llegar a un grupo de hombres y mujeres norteamerican@s, aleman@s y británic@s con aparatos electrónicos, y los escucha contar de lo que hacen en sus países para acabar con las injustícias, mientras le enseñan a armar y a usar esos aparatos, y al rato ella ya está frente al micrófono diciendo “Escucha usted Radio Insurgente, la voz de los sin voz, transmitiendo desde las montañas del sureste mexicano, y vamos a empezar con una bonita cumbia que se llama “La Suegra “, y les avisamos a los promotores de salud que ya pasen al Caracol a recoger la vacuna” ¿Qué pasa cuando escucha en la Junta de Buen Gobierno que ese catalán vino desde muy lejos para entregar personalmente lo que un comité de solidaridad juntó como apoyo para la resistencia? ¿Qué pasa cuando ve a un norteamericano ir y venir con el café, la miel y las artesanías (y el producto de su venta), que producen las cooperativas zapatistas, cuando ve que no reclama ninguna atención especial a pesar de que lleva años haciendo eso sin que nadie, mas que nosotros, le lleve la cuenta? ¿Qué pasa cuando ve a l@s grieg@s traer el dinero para los materiales de la escuela y pues que se ponen a trabajar junto con los indígenas zapatistas en la construcción? ¿Qué pasa cuando ve a una frentista llegar al caracol y entregar un camión lleno de medicinas, aparatos médicos, camas de hospital y hasta uniformes y zapatos para l@s promotor@s de salud, mientras otros jóvenes del fzln se distribuyen para ayudar en las clínicas comunitarias? ¿Qué pasa cuando ve que los de “una escuela para Chiapas” llegan, se van y dejan, en efecto, una escuela, un camión escolar, lapiceros, cuadernos, pizarrones? ¿Qué pasa cuando ve que, a la escuela de idiomas que hay en Oventik (y que, en condiciones heroicas mantiene funcionando un compañero “ciudadano”), llegan hindúes, coreanos, japoneses, australianos, eslovenos, iraníes? ¿Qué pasa cuando mira que llega una persona a entregar con la Comisión de Vigilancia un libro con la traducción en árabe o en japonés o en kurdo, de los comunicados del EZLN y las regalías de su venta?

¿Qué pasa cuando, por ejemplo, una niña crece y llega a la juventud en la resistencia zapatista, durante 12 años en las montañas del Sureste mexicano?

Les pregunto porque, por ejemplo, aquí, haciendo la posta de alerta roja en el Cuartel General del EZLN, hay dos ínsurgentas. Las dos son, como dicen los compas, “cien por ciento indígenas y cien por ciento mexicanas”. Una tiene ahora 18 años y la otra 16. O sea que en 1994 tenían 6 años la una y 4 la otra. Como ellas hay decenas en nuestras posiciones de montaña, centenas en las milicias, miles en los cargos organizativos y de comunidad, decenas de miles en los pueblos zapatístas. El mando inmediato de las dos que hacen la posta es un teniente insurgente, indígena, de 22 años, o sea que tenía 10 años en 1994. La posición está bajo el mando de un capitán insurgente, también indígena, al que, como debe de ser, le gusta mucho la literatura, y tiene 24 años, es decir, 12 años cuando inició el alzamiento. Y en todas partes de estas tierras hay hombres y mujeres que pasaron de la niñez a la juventud y de la juventud a la madurez, en la resistencia zapatista.

Entonces, les pregunto: ¿Qué les digo? ¿Que el mundo es ancho y ajeno? ¿Que sólo importa lo que nos pase a nosotros? ¿Que lo que pasa en otras parte de México, de Latinoamérica y del Mundo no nos interesa, que no debemos meternos ni en lo nacional ni en lo internacional, y que debemos encerrarnos (y engañarnos), pensando que podremos lograr, solos, eso por lo que murieron sus parientes? ¿Qué no debemos hacer caso a todas las señales que nos indican que sólo haciendo lo que vamos a hacer podremos sobrevivir? ¿Qué debemos negarle el oído y la palabra a quienes no nos han escatimado ni el uno ni la otra? ¿Qué debemos respetar y apoyar a los mismos políticos que nos negaron una salida digna a la guerra? ¿Qué, antes de salir, tenemos que aprobar ante un jurado calificador para ver si lo que se ha construido acá en 12 años de guerra tiene méritos suficientes?

En la Sexta Declaración les contamos que han entrado nuevas generaciones a la lucha. Y No sólo son nuevas, también tiene otras experiencias, otras historias. No lo dijimos en la Sexta, pero lo digo ahora: son mejores que nosotros, los que empezamos el EZLN e iniciamos el alzamiento. Miran más lejos, tienen el paso más firme, son más abiertos, están mejor preparados, son más inteligentes, más decididos, más conscientes.

Lo que plantea la Sexta no es un producto “importado”, elaborado por un grupo de sabios en un laboratorio ascéptíco, y luego implantado en un grupo social. La Sexta viene de lo que somos ahora y de donde estamos. Por eso aparecen esas partes primero, porque no se puede comprender lo que nos proponemos, si no se entiende antes lo que ha sido nuestra experiencia y organización, es decir, nuestra historia. Y cuando digo “nuestra historia” no estoy hablando sólo de la del EZLN, también incorporo la de todos esos hombres y mujeres de México, de Latinoamérica y del Mundo que han estado con nosotros… aunque no los hayamos visto y estén en sus mundos, sus luchas, sus experiencias, sus historias.

La lucha zapatista es una champita, una casita más, tal vez la más humilde y sencilla entre las que se levantan, con idénticos o mayores penurias y esfuerzos, en esta calle que se llama “México”, Quienes habitamos en esa casita, nos identificamos en la banda que puebla todo el barrio bajo que se llama “Latinoamérica”, y aspiramos a algo aportar en hacer habitable la gran ciudad que se llama “Mundo”. Si esto está mal, adjudíquenlo a todos esos hombres y mujeres que, luchando en sus casas, barrios, ciudades, es decir, en sus mundos, tomaron un lugar entre nosotros. No arriba, no abajo, sino con nosotros.

Un Pingüino en la Selva Lacandona.

Bueno, lo prometido es deuda. Al inicio de este escrito les dije que les iba a contar del pingüino que hay aquí, en las montañas del Sureste Mexicano, así que ahí les va.

Sucedió en uno de los cuarteles insurgentes, hace poco más de un mes, en las vísperas de la Alerta Roja. Me encontraba yo de paso, rumbo a la posición que sería el cuartel general de la Comandancia General del EZLN. Ahí debía recoger a los insurgentes e insurgentes que formarían mi unidad durante la Alerta Roja. El mando del cuartel, un Teniente Coronel Insurgente, terminaba de levantar el campamento y tomaba las disposiciones para mover la impedimenta. Con el fin de no recargarse mucho en el suministro que mandan las bases de apoyo para el sostenimiento de las tropas insurgentes, los combatientes de esta unidad habían desarrollado algunos medios de subsistencia propios: una hortaliza y una granja. Se decidió que de las hortalizas se cargaba lo que se pudiera y lo demás quedaba a la buena de dios. En cuanto a los pollos, gallinas y gallos, pues la alternativa era comerlos o dejarlos. “Mejor los comemos nosotros y no los federales”, decidieron, no sin razón, los hombres y mujeres (jóvenes menores de 20 años la mayoría), que mantenían esa posición. Uno a uno, los animales fueron a parar a la olla y, de ahí, a los platos hondos de los combatientes. Tampoco eran muchos animales, así que en unos cuantos días, la población avícola se había reducido a dos o tres ejemplares.

Cuando sólo quedaba uno, precisamente el día de la partida, pasó lo que pasó…

El último pollo empezó a caminar erguido, tal vez pretendiendo confundirse con nosotros y pasar desapercibido con esa postura. No sé mucho de zoología, pero parece que la constitución anatómica de los pollos no está hecha para caminar erguidos, así que, con el bamboleo que le producía el esfuerzo de mantenerse derecho, el pollo caminaba tambaleándose y sin atinar un rumbo preciso. Fue entonces que alguien dijo “parece pingüino”. El hecho provocó risas y éstas derivaron en simpatía. El pollo parecía, es cierto, un pingüino, sólo le faltaba la pechera blanca. El caso es que las bromas terminaron por impedir que el “pingüino” tuviera el mismo destino que sus compañeros de granja.

Llegó la hora de la salida y, revisando que no quedara nada, se dieron cuenta de que el “pingüino” estaba todavía ahí, tambaleándose de un lado a otro, pero sin volver a su posición natural. “Llevémoslo”, dije, y todos me quedaron viendo para ver si bromeaba o era en serio. Fue la insurgenta Toñita la que se ofreció a llevarlo. Empezaba a llover y lo puso en su regazo, debajo de la pesada capa de plástico con la que la Toñita protegía su arma y su mochila del agua. Lloviendo iniciamos la marcha.

Llegó el pingüino hasta el Cuartel General del EZLN y rápidamente se adaptó a la rutina de alerta roja insurgente. A menudo se unía (siempre sin perder la descompostura de pingüino), a los insurgentes e insurgentas en la hora de la célula, o sea del estudio político. El tema de estos días es sobre las 13 demandas zapatistas y los compañeros lo resumen bajo el título de “Por qué luchamos”. Bueno, pues no me lo van a creer, pero cuando me he acercado a la reunión de la célula, pretextando la búsqueda de café caliente, he visto que el “pingüino” es el que pone más atención. Y no sólo, de tanto en tanto, picotea a alguno que se queda dormido en mitad de la plática política, como reconviniéndolo para que preste atención.

No hay otro animal en el cuartel… digo, además de las culebras, las tarántulas “chibó”, dos ratones de campo, los grillos, las hormigas, un número indeterminado (pero muy grande) de zancudos, y una cojolita que llega a cantar, probablemente porque se siente convocada por la música de cumbias, rancheras, corridos, de amores y de despecho que sale del pequeño radio que se usa para oír el noticiero matutino de Pascal Beltrán en Antena Radio, y luego la “Plaza Pública” de Miguel Ángel Granados Chapa en Radio UNAM.

Bueno, les decía que no hay otro animal, así que parece normal que “pingüino” piense que nosotros somos sus congéneres y tienda a comportarse como uno más de nosotros. No habíamos advertido hasta qué grado había llegado, hasta que una tarde se negó a comer en el rincón que tiene destinado y se acercó a la mesa hecha de palos. Pingüino hizo un escándalo, más de pollo que de pingüino, hasta que comprendimos que quería comer con nosotros. Deben saber que la nueva identidad de Pingüino le impide al ex pollo el volar el mínimo necesario para subir a la banca, así que es la insurgenta Erika quien lo sube y le da de comer de su plato.

El capitán insurgente al mando me ha dicho que al pollo, quiero decir a Pingüino, no le gusta quedarse solo en la noche, tal vez porque teme que los tlacuaches lo puedan confundir con un pollo, y protesta hasta que alguien lo lleva a su techo. No tardará mucho tiempo en que la Erika y la Toñita le hagan con tela una pechera blanca (querían pintarlo con cal o con pintura de casa, pero logré disuadirlas… creo), para que no haya dudas de que es un pingüino y nadie lo confunda con un pollo.

Ustedes pueden pensar que estoy, o estamos, delirando, pero lo que les cuento es cierto. Mientras tanto. Pingüino se ha convertido en parte de la Comandancia General del ezetaelene y, tal vez, podrán verlo con sus propios ojos quienes vengan a las reuniones preparatorias para la “Otra Campaña”. También es de suponer que Pingüino sea la mascota del equipo de fútbol del EZLN cuando se enfrente, próximamente, al internazionale de Milano. Tal vez entonces alguien saque una foto para el recuerdo. Tal vez, pasado algo de tiempo y mirando la imagen, una niña o un niño preguntaran: “Mamá, ¿y quienes son los que están al lado de Pingüino?” (Suspiro).

¿Saben qué? Se me ocurre ahora que nosotros somos como Pingüino, esforzándonos por erguirnos y hacernos un lugar en México, en América Latina, en el Mundo. Como de por sí no está en nuestra anatomía el viaje que emprenderemos, seguramente andaremos tambaleándonos, vacilantes y torpes, provocando risas y bromas. Aunque tal vez, también como Pingüino, provoquemos alguna simpatía y alguien, generoso, nos arrope y nos ayude, caminando con nosotros, a hacer lo que todo hombre, mujer o pingüino deben hacer, es decir, tratar siempre de ser mejores de la única forma posible, o sea luchando.

Vale. Salud y un abrazo de Pingüino (¿?).

Desde las montañas del Sureste Mexicano.
Subcomandante Insurgente Marcos
México, Julio del 2005.

domingo, 4 de octubre de 2009

Mercedes Sosa - Al Jardín de la República.



Desde el norte traigo en el alma
la alegre zamba que canto aquí,
y que bailan los tucumanos
con entusiasmo propio de allí,
cada cual sigue a su pareja,
joven o vieja, de todo vi.

Media vuelta y la compañera
forma una rueda para seguir,
viene el gaucho, le hace un floreo
y un zapateo comienza allí,
sigue el gaucho con su floreo
y el zapateo termina allí.

Pa' las del norte si,
para las otras no,
para las Tucumanas,
mujer galana, naranjo en flor
todo lo que ellas quieran
que la primera ya terminó.

No me olvido, viera, compadre,
de aquellos bailes que hacen allí
tucumanos y tucumanas,
todos se afanan por divertir
y hacer linda esta triste vida,
así se olvida que hay que morir.

Empanadas y vino en jarra,
una guitarra, bombo y violín,
y unas cuantas mozas bizarras
pa' que la farra pueda seguir,
sin que falten esos coleros,
viejos cuenteros, pa' que hagan reír.

Para las otras no,
pa' las del norte si,
para las de Simoca,
mis ansias locas de estar allí
para brindarles mi alma
en esta zamba que canto aquí.

domingo, 27 de septiembre de 2009

Jacob, Recuerdos de un rebelde.


“La historia del pensamiento humano es similar a las oscilaciones del péndulo. Luego de un largo periodo de sueño ocurre un despertar y entonces se libera de las cadenas con las que los gobernantes, magistrados y clérigos la habían atado. Critica severamente lo que se le enseñara y desnuda la vanidad de los prejuicios religiosos, políticos legales y sociales. Investiga, va por caminos desconocidos, hace ricos descubrimientos imprevistos y crea nuevas ciencias”

Piotr Kropotkin.


Bernard Thomas.

Señores:

Ahora saben quién soy: un rebelde que vive del producto de sus robos. Además, he incendiado varias residencias y defendiendo mi libertad contra la agresión de agentes del poder. He puesto al desnudo toda mi existencia de lucha, que someto como problema a sus inteligencias. Como a nadie reconozco el derecho a juzgarme, no imploro perdón ni indulgencia. No imploro a aquellos a quienes odio y desprecio. Ustedes son los más fuertes; dispongan de mí como lo crean justo. Envíenme a presidio o a paredón; poco importa. Pero antes de separarse, déjenme decirles unas últimas palabras. (...)

Ustedes llaman a un hombre ladrón o bandido; aplican contra él los rigores de la ley sin preguntarse si podía ser otra cosa. ¿Se ha visto jamás a un rentista volverse ladrón? Confieso no conocer ninguno. Pero yo, que no soy rentista ni propietario, que no soy sino un hombre que no posee más que sus brazos y su cerebro para asegurar su conservación, he debido seguir otra conducta. La sociedad no me concedía más que tres medios de existencia: el trabajo, la mendicidad y el robo. El trabajo: lejos de repugnarme, me agrada. Incluso el hombre no puede pasar sin trabajar: sus músculos, su cerebro, poseen una suma de energía a invertir. Lo que me ha repugnado es sudar sangre y agua por la miseria de un salario; es crear riquezas que me han hurtado. En una palabra, me ha repugnado abandonarme a la prostitución del trabajo. La mendicidad es el envilecimiento, la negación de toda dignidad. Todo hombre tiene derecho al banquete de la vida. El derecho a vivir no se mendiga, se toma.

Robo es restitución, recuperación. Antes que verme encerrado en una fábrica, como en un presidio; antes que mendigar aquello a lo que tenía derecho, he preferido rebelarme y combatir frente a frente a mis enemigos haciendo la guerra a los ricos, atacando sus bienes. Me doy cuenta, claro está, que ustedes han preferido que me sometiera a sus leyes, que como obrero dócil y domesticado creara riquezas a cambio de un salario irrisorio, y que con el cuerpo gastado y el cerebro embrutecido fuera a reventar en cualquier esquina.

Entonces no me llamarían "cínico bandido", sino "honrado obrero". Con halagos, me habrían otorgado incluso la medalla al trabajo. Los curas prometen a sus incautos un paraíso; ustedes, menos abstractos, les prometen un pedazo de papel.


¡Mucho les agradezco tanta bondad, tanta gratitud, señores! ¡Prefiero se un cínico consciente de sus derechos antes que un autómata, una cariátide!

Desde que tuve dominio de mi conciencia, me dediqué sin escrúpulo alguno a robar. No comparto su pretendida moral, que predica el respeto a la propiedad como una virtud, cuando no hay peores ladrones que los propietarios.

Señores: dense por satisfechos de que éste perjuicio haya arraigado en el pueblo, ya que ese es su mejor policía. Conociendo la impotencia de la ley -mejor dicho, de la fuerza- han hecho de él el más sólido de sus protectores. Pero tengan cuidado: todo termina. Todo lo que es construido, edificado por la fuerza y la astucia, la astucia y la fuerza pueden demolerlo.

El pueblo evoluciona todos los días. Imagínese que enterados de éstas verdades, conscientes de sus derechos, todos los muertos de hambre, todos los indigentes, en una palabra, todas las víctimas de ustedes, se armen de una pala y vayan al asalto de sus viviendas para recobrar las riquezas que ustedes les robaron...¿creen ustedes que así serían más desdichados? Opino lo contrario. Si reflexionaran bien preferiría correr todos los riesgos antes que engordarlos a ustedes mientras gimen en la miseria. Se dirá ¡la cárcel... el presidio, el paredón! Pero ¿qué son estas perspectivas comparadas con una vida de embrutecimiento, compuesta por todos los sufrimientos? El minero se disputa su pan en las entrañas de la tierra, sin jamás ver brillar el sol, puede perecer de un instante a otro, víctima de una explosión de gas; el plomero que peregrina por los techos puede caer y quedar despedazado; el marinero sabe cuando parte, pero ignora si volverá a puerto. Muchos otros obreros contraen, ejerciendo su oficio, enfermedades fatales, se agotan, se envenenan, se matan creando para ustedes; incluso los gendarmes, los policías, sus lacayos, a cambio de un hueso que les dan a roer, hallan a veces la muerte en la lucha que emprenden contra los enemigos de ustedes.

Empecinados en su estrecho egoísmo, ustedes siguen siendo escépticos a esta visión ¿verdad?

Parecen decir que el pueblo tiene miedo... Lo gobernamos mediante el temor a la represión; ¡si grita, lo arrojamos a la cárcel; si rabia, lo deportamos a presidio; si se agita, lo guillotinamos! Mal calculado, señores, créanme. Las penalidades que ustedes aplican no son un remedio contra los actos de rebelión. La represión, muy lejos de ser un remedio, un atenuante siquiera, no es más que una agravación del mal.

Las medidas restrictivas no pueden sino sembrar el odio y la venganza. Es un ciclo fatal. Por lo demás, desde que ustedes cortan cabezas, desde que llenan las cárceles y presidios, ¿han impedido que se manifestara el odio? ¿Y? ¡Contesten! Los hechos demuestran su impotencia. Por mi parte, ya sabía que mi conducta no podía conducirme sino al presidio o al paredón. Ya ven que eso no me impidió actuar. Si me dediqué al robo, no fue en busca de beneficios ni de lucro, sino por una cuestión de principios, de derecho.

He preferido conservar mi libertad, mi independencia, mi dignidad de hombre, antes que hacerme artesano de la riqueza de un amo. En términos más crudos, sin eufemismos, he preferido robar a ser robado.

Claro está que yo también repruebo que un hombre se apodere violentamente y con astucia, del fruto del trabajo del otro. Pero es precisamente por eso que hice la guerra a los ricos, que roban sus bienes a los pobres. También yo quería vivir en una sociedad de la cual estuviera proscrito el robo. No apruebo el robo, ni lo he utilizado sino como medio de rebelión, apto para combatir el más inicuo de los robos: la propiedad individual.

Para destruir un efecto, es necesario antes destruir la causa. Si hay robo, no es sino porque hay abundancia de una parte y escasez de la otra; porque todo pertenece a unos pocos. LA LUCHA NO SE EXTINGUIRÁ HASTA QUE LOS HOMBRES COMPARTAN ALEGRÍAS Y DOLORES, TRABAJO Y RIQUEZAS, HASTA QUE TODO PERTENEZCA A TODOS.

Anarquista, revolucionario, hice mi revolución; ¡que venga la Anarquía!

pág. 203-206 del libro de la ed. Txalaparta
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Conocido anarquista francés, el legendario Marius Jacob, fue un militante obrero que se orientó hacia una delincuencia de signo político y que trajo en jaque a la policía francesa de principios del siglo XX por la especialización tan alta de su trabajo. Fue juzgado por cometer más de 150 golpes y pasó más de dos décadas encarcelado en la Guayana francesa, dónde sus intentos de fuga estuvieron a la altura del resto de su aventurera vida.

jueves, 24 de septiembre de 2009

Amanece en la Ciudad.


 23 de enero del 2006.

"No sacrifiquéis la felicidad de hoy a la felicidad futura. Disfrutad del momento, evitad toda unión de matrimonio o de interés que no satisfaga vuestras pasiones desde el mismo instante. ¿Por qué ibais a luchar por la felicidad futura, si ella sobrepasará vuestros deseos, y no tendréis en el orden combinado más que un solo displacer, el de no poder doblar la longitud de los días, a fin de dar abasto al inmenso círculo de goces que deberéis recorrer?".

Charles Fourier. Aviso a los Civilizados respecto a la próxima Metamorfosis Social.

¡Deja de gritar! Le dice el joven a su mujer mientras la toma del pelo y le jala la cabeza tan fuertemente que la chica sólo se muerde los labios y susurra diciéndole que nunca existió aquel hombre con el cual, cuentan los chismes de voces de los vecinos, lo engañó al dejarlo entrar un día por la tarde y quedarse por toda la noche mientras él trabajaba en el turno de la noche.

¡No me interesan tus respuestas! Ya lo había imaginado desde hace mucho, -esto le grita a la joven ante el desinterés de los pequeños niños- desde que te conocí que me cegó tu pinché cuerpo de zorra que nunca se pudo estar quieto ¡no es así!

La chica ya no respondió las injurias, pues ya sabía que una mujer –según el hombre y por desgracia también muchas mujeres-, como en muchos otros asuntos, nunca tiene la razón, y todo en este mundo le da la espalda porque la boba sociedad así nos hace.

La vecindad donde vivía esta pareja de jóvenes nuevamente se dejaba envolver por gritos de ignorancia y murmullos de injusticia, por cierto, los vecinos sólo se desesperaban porque no los dejaban dormir.

-¡Ésa chamaca otra vez metió a otro!-

-¡Hasta que la maten se va a calmar!- Se dejaban oír estos comentarios tras paredes mientras el frío arreciaba y se mostraba como es realmente cuando encuentra un lugar que se preste: mortífero e infame.

Exhausto, el chico, decide soltarla de los hombros y ella, inmediatamente, sale corriendo y se encierra en el único lugar que la puede salvar por el momento: el baño. Él le patea la puerta gritándole que mañana mismo se larga con una mujer que cuide bien a sus hijos y no esté solamente pensando en acostarse con todos los pinches hombres.

Entonces, de súbito, la chica salta de furia para salir y encarar esta absurda amenaza, pero, al instante, cae desmayada por el esfuerzo físico y, sobretodo, psicológico al que se vio sometida toda la noche.

Amanece en la ciudad y la chica abre los ojos por el llanto producido por uno de sus hijos que está sentado en la cama pidiendo a gritos a su papito que se había dio a la primera hora de la mañana seguramente bien perfumadito y con la loción aplicada al por mayor. Entonces nuestra joven lo toma entre sus brazos y por su mente pasa el darle un jalón como reprimenda por lo que acaba de decir, pero desiste y de un impulso sorprendente la abraza, cayendo juntas a la cama y, soltándose en llanto, pidiéndole a dios que hoy él no llegue enojado...

¿Que por qué estoy Siempre de Malas?


08 de agosto del 2007.



En el reino de los fines, todo tiene un precio o una dignidad. Aquello que tiene precio puede ser sustituido por algo equivalente; en cambio, lo que se halla por encima de todo precio y, por tanto, no admite nada equivalente, tiene dignidad.
Kant.

No lo sé, pero tal vez sea por...

Este encierro, reducido de conocer y experimentar las tantas cosas que están allá afuera, ya sean cosas malas o ya sean cosas buenas, el problema aquí, es experimentar.
No, no es por eso…

Ni tampoco creo que sea por estar en una familia donde yo soy el extraño que vive a costa de todos y se niega –según ellos- a madurar, “tratar de ser más ellos y menos yo”, dicen; como si madurar fuera solamente buscar un lugar en un barco donde haces lo imposible por tratar de ser idéntico a todos, o sea, el mismo vestir, el mismo actuar, el mismo pensar, las mismas metas, las mismas ambiciones, en resumen, madurar, según dicen, es tratar de buscar formas de chingar a los demás, esto es madurar, para mi, necesariamente, es morir lentamente.
No, no creo que sea por esto mi actitud…

Ni tampoco creo que se deba a la rutina diaria, donde en el viaje hacia tu destino, ves rostros condenados a la esclavitud voluntaria, sucios gestos, como si te escupieran con frialdad y sin vacilar a la cara, con sus falsos ademanes que buscan ser parte de una categoría a la cual ni ellos pueden acceder. No lo creo, no es por esto……

O tal vez se deba a la homogeneidad de la ciudad, tanta y tanta gente, tanto y tanto concreto, tanto y tanto asfalto, mezclado con tierra y polvo y donde respiras humo directamente de los tantos y tantos malditos autos, donde el cielo es una gran capa gris de basura humana que se esparce como una plaga que a veces siento que es inacabable, todo esto parece una sucia y desgastada foto repetida millones de veces mientras miras por la ventanilla desgastada del autobús.
No, tampoco creo que se deba a esto mi molestia…

Entonces pienso que se debe a todas aquellas sonrisas fingidas que me encuentro cotidianamente, donde lo único que me muestran es un llanto interno trémulo y estremecedor, donde su sonrisa es un grito de auxilio y a la vez de lástima para que alguien se apiade y los asesine.
¡Espera! No temas, pues esto tampoco es…

Espérate tantito, creo que es porque los encargados de darnos conocimiento, no lo hacen, y algo peor, ¡nos pegan lo imbécil! Y mientras, todos gritan y los adulan, sin darse cuenta que ellos representan el principio de nuestro fin.
Pero pensándolo bien, no, tampoco es esto…

¡Ya sé!, es porque entre más encuentro conocimiento, más me siento ignorante.
No, mucho menos es esto, hoy soy tan ignorante…

Tal vez sea por los engaños a los que caemos constantemente por la tonta esperanza de que nos darán “un mejor porvenir”, mentiras, engaños, infamias, descréditos, odio, avaricia, poder; la mierda atrae a la mierda, a esta mierda, tan cotidiana, tan digerida, en fin, tan nuestra.
No, menos se debe a esto, pese a que estoy de acuerdo con ello…

Tal vez se deba a que he decidido que mi futuro es incierto, caminando por aquí y por allá, buscando mi sitio en un lugar donde quizás no esté, o quizás nunca estuvo y entonces me encontraré perdido en un mundo donde realmente nunca me encontré, ¡que irónico!.
No, tampoco es esto, pues no lo entendí bien, y ya me canse……

Sabes querida, pensándolo bien creo que no tengo razones para estar siempre de malas, pues bien, entonces sonreiré y viviré tan igual a todos que tal vez algún día me confundas con algún imbécil superficial o simplemente me olvides, jamás te culparé…

domingo, 30 de agosto de 2009

El Genio de la Multitud. Charles Bukowski

Hay suficiente traición y odio,
Violencia.
Necedad en el ser humano
Corriente
Como para abastecer cualquier ejército o cualquier jornada.
Y los mejores asesinos son aquellos
Que predican en su contra.
Y los que mejor odian son aquellos
Que predican amor.
Y los que mejor luchan en la guerra
Son -al final- aquellos que
Predican
Paz.

Aquellos que hablan de Dios.
Necesitan a Dios
Aquellos que predican paz
No tienen paz.
Aquellos que predican amor
No tienen amor.

Cuidado con los predicadores
cuidado con los que saben.
Cuidado con
Aquellos que
Están siempre
Leyendo
Libros.

Cuidado con aquellos que detestan
La pobreza o están orgullosos de ella.

Cuidado con aquellos de alabanza rápida
Pues necesitan que se les alabe a cambio.
Cuidado con aquellos que censuran con rapidez:
Tienen miedo de lo que
No conocen.

Cuidado con aquellos que buscan constantes
Multitudes; no son nada
Solos.
Cuidado con
El hombre corriente
Con la mujer corriente
Cuidado con su amor.
Su amor es corriente, busca
Lo corriente.

Pero es un genio al odiar
Es lo suficientemente genial
Al odiar como para matarte, como para matar
A cualquiera.

Al no querer la soledad
Al no entender la soledad
Intentarán destruir
Cualquier cosa
Que difiera
De lo suyo.

Al no ser capaces
De crear arte
No entenderán
El arte.

Considerarán su fracaso
Como creadores
Sólo como un fracaso
Del mundo.

Al no ser capaces de amar plenamente
Creerán que tu amor es
Incompleto
Y entonces te
Odiarán.

Y su odio será perfecto
Como un diamante resplandeciente
Como una navaja
Como una montaña
Como un tigre
Como cicuta
Su mejor
ARTE.

jueves, 20 de agosto de 2009

Sembrando Ideas!!!



Cuando en los hombres se encarna un grave pensamiento, un firme intento, una aspiración noble y lejítima, los contornos del hombre se desvanecen en los espacios sin confines de la idea.

José Martí.



Penitenciaría Federal de los Estados Unidos. Leavenworth, Kansas.
Mayo 2 de 1922
Señorita Irene Benton Granada, Minn.


Mí querida camarada:


Tu carta, tan perfectamente calculada para difundir algún calor en mi corazón adolorido, tuvo éxito en su generosa misión, y especialmente la última parte de ella, en donde dices lo que tu querida madre piensa acerca de mí, tocó las más delicadas fibras de mi corazón. Me conmovió casi al punto de derramar lágrimas, porque pensé en mi propia madre, muerta hace tanto tiempo. ¡Hace 21 años! Estaba yo en la prisión en ese tiempo, castigado por haber denunciado la tiranía sangrienta, de Porfirio Díaz, y, por lo tanto, no pude estar al lado de su lecho, no pude darle mi último beso, ni pude oír sus últimas palabras. Esto pasó en la ciudad de México el 14 de junio de 1900, un poco menos de tres años antes de mi venida a este país, como un refugiado político, en busca de libertad.


Muchas gracias a ti y a tu querida madre por sus simpatías hacia mí, expresadas en tu hermosa carta.

Tu información de la obra realizada ya en los campos de la que está en preparación, es de lo más interesante, pues no puedes imaginarte cuánto amo el campo, las selvas, las montañas. “Los hombres—dices—han estado ocupados en los campos preparando el terreno para recibir la semilla.” ¡Que mundo de emociones y pensamientos fomentan esas pocas palabras en mi ser, porque yo también he sido sembrador, aunque sembrador de ideales!... y he sentido lo que el sembrador de semillas siente, y la semejanza de emociones me impulsa a llamarle mi hermano y colaborador. Él deposita sus semillas en las generosas entrañas de la tierra, y yo deposito las mías en los cerebros de mis semejantes, y ambos esperamos, esperamos, esperamos... y las agonías que él sufre en su espera, son mis agonías. La más pequeña muestra de mala suerte oprime nuestro corazón, y conteniendo su aliento espera que la roturación de la costra de la tierra le anuncie que la semilla ha brotado, y yo, con mi corazón comprimido, espero la palabra, la acción, el gesto que indique la germinación de la semilla en un cerebro fértil... La única diferencia entre el sembrador de semillas y el sembrador de ideales reside en el tiempo y la manera de trabajar, pues mientras que el primero tiene la noche para solaz y descanso de su cuerpo, y, además, espera hasta que la estación sea favorable para su siembra, y solamente planta en donde el suelo es generoso el último no tiene noches ni estaciones del año: todas las tierras merecen sus atenciones y trabajos. Siembra en la primavera así como en el invierno, en el día y en la noche, en la noche y en el día; en todos los climas, bajo todos los cielos y cualquiera que pueda ser la calidad del cerebro, sin tener en cuenta el tiempo... Aunque el rayo truene en las alturas, en donde residen los árbitros de los destinos humanos. 1


El sembrador de ideales no detienen su obra: camina hacia un futuro que mira con los ojos de su mente, sembrando, sembrando, sembrando. Puños muy apretados pueden agitarse amenazadoramente, y toda la atmósfera que lo vuelve puede temblar y llegar a arder con el odio difundido por aquellos cuyo interés es dejar sin cultivo el cerebro de las masas... El sembrador de ideales no retrocede: el sembrador de ideales continúa sembrando, sembrando, sembrando... Lejos y cerca, aquí y allá, bajo cielos lívidos iluminados por un sol amarillo que, proyectando sus lúgubres siluetas contra ceñudos horizontes que presagian cadalsos, extiende sus siniestros brazos como antenas de monstruosas criaturas engendradoras por la fiebre o producidas por la locura, mientras enormes puertas negras de fierro anhelan por su carne y su alma... El sembrador no retrocede, el sembrador continúa sembrando, sembrando, sembrando... Y ésta ha sido su tarea desde tiempo inmemorial, y éste ha sido su destino aun desde antes de que la humanidad surgiera dignificada y erecta, de la selva, en donde transcurrió su infancia a gastas con los demás cuadrúpedos, la fauna; porque el sembrador de ideales ha tenido siempre una misión de combate; pero sereno y majestuosamente, con un amplio movimiento de su brazo, tan amplio que parece trazar en el aire hostil la órbita de un sol, él siembra, siembra, siembra la semilla que hace avanzar a la humanidad, aunque con grandes tropiezos, hacia ese futuro que él ve con los ojos de su mente...


¡Tu carta es tan tierna...! ¡oh, mi querida camarada!; eres tan amable como tu querida madre. Sí, tu simpatía me calma, me hace mucho bien; gracias un millón de veces. Los recortes son muy interesantes y las pinturas muy simpáticas. Ahora me despido.


Di a Rivera tu recado; está muy agradecido. Tuyo fraternalmente.


Ricardo Flores Magón

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1 En Epistolario revolucionario e íntimo, t. III, p. 31, aparece la siguiente nota de los editores: “Por un error del traductor apareció esta frase en ‘Sembrando Ideas’, tomo IV de la Serie en singular. Consultando el original, la encontramos en plural, y no en singular, refiriéndose Ricardo, por medio de una figura retórica, a los hombres que están en el Poder como árbitros de los destinos humanos.” Librado Rivera había escrito a Nicolás T. Bernal el 7 de enero de 1924: “Leí la carta de Ricardo a nuestra buena amiga Irene Benton, publicada en Sembrando Ideas, y noto un error colosal que no sé a quien atribuirlo, si al traductor o al afán de nuestra amiga de aprovechar esa oportunidad para su propaganda religiosa, porque ella sí lo es, a juzgar por las cartas que me ha escrito. Al hablar del Sembrador de ideas, el sembrador siembra a todas horas, en todas las estaciones; ‘sin tener en cuenta el tiempo... Aunque el rayo truene en las alturas, en donde reside el árbitro de los destinos humanos.’ Te subrayo la frase para que veas el disparate. Me atrevo a llamarle así porque Ricardo nunca creyó en un ‘árbitro de los destinos humanos,’ durante los muchos años que lo traté tan íntimamente. Ricardo era un Ateo completo, un filósofo positivista. Jamás se le ha de haber ocurrido escribir a ninguno de sus numerosos amigos o amigas ideas semejantes de elevar sus bellas inspiraciones en un ‘árbitro’ de los destinos del hombre. En ninguno de sus muchos escritos he visto cosa semejante. Te llamo la atención, porque si hay otras cartas por el estilo de esa, se mejor que ni las publiques, porque ante nuestros compañeros anarquistas, cosas de esas desprestigian lejos de recomendar su nombre y su obra... Esa carta sin el ‘árbitro’ es una bella obra literaria, una hermosa obra de arte y de propaganda libertaria al mismo tiempo; pero el árbitro regulador de todas las cosas opaca su brillo.” (AJCV). No existe el original de esta carta.

miércoles, 12 de agosto de 2009

El Dulce Beso de la Oscuridad me sigue a la Luz.

o7/Agosto/2007 11:12 PM




Harry encuen­tra en sí un "hombre", esto es, un mundo de ideas, sen­timientos, de cultura, de naturaleza dominada y subli­mada, y a la vez encuentra allí al lado, también dentro' de sí, un "lobo", es decir, un mundo sombrío de ins­tintos, de fiereza, de crueldad, de naturaleza ruda, no sublimada. A pesar de esta división aparentemente tan clara de su ser en dos esferas que le son hostiles, ha comprobado, sin embargo, alguna vez que por un rato, durante algún feliz momento, se reconcilian el lobo y el hombre.
El Lobo Estepario. Hermann Hesse. Pág. XXIV



¿Recuerdas lo que tu amigo decía acerca de la noche? ¿No? Decía que se convierte en tu cómplice cuando hace que todo se calle sólo para escuchar tus pensamientos, por esto puedes pasarte horas y horas escuchando el tic tac, tic, tac de tu reloj y a la vez recordar el pasado no tan lejano, como a veces piensas, que se filtra en tus pensamientos cada vez que buscas una forma de proceder para con los demás. Esos demás que no son tan transparentes como deberían.


Esa noche es lo único que te pertenece y se te entrega como la mujer amada, dulce y silenciosa para que la tomes mientras le hablas al oído, diciéndole que es bella y que es lo mejor que te ha pasado en la vida.


También, decía tu amigo, que las noches suelen ser largas al caminar despacio e insistente por el pasado, por ése pasado que te ha perseguido toda tu vida con múltiples caras, unas humildes y otras pretensiosas, al grado de que el asesinato es poca cosa comparado con ellas, resulta muy simple. Ese tipo de rostros, que te dije antes, también los encuentras en los lugares donde te reúnes a beber, sí, esos que son monstruos malignos que con tu embriaguez se transforman en seres humanos débiles e ignorantes, esos rostros que, ya de por sí, son máscaras que ocultan tenebrosas facciones, que corroen el espíritu y le sacan sangre a la esperanza.


Dejarás de mirar hacia abajo y tomarás la luz que emana de lo lejos para salir satisfactoriamente del hoyo. No sin antes deslumbrarte y que pase al instante por tu cabeza un arrepentimiento por regresar al fondo, a lo oscuridad que te protege y te hace soñar al darte un beso en la frente...

lunes, 10 de agosto de 2009

Carta al Auténtico Amigo. Parte I.

21 de octubre del 2008.


Cultivo una rosa blanca,
En julio como en enero,
Para el amigo sincero
Que me da su mano franca.

Y para el cruel que me arranca
El corazón con que vivo,
Cardo ni ortiga cultivo:
Cultivo la rosa blanca.

José Martí.




El joven llega a la cantina con un aire desolado y triste, sus ojos se pierden en la cotidianeidad del ambiente sereno y lento del lugar. La mesera lo mira de reojo y se acerca a la mesa, lo ve y espera que él siga el procedimiento de pedir lo que piden todas esas sombras de la tarde calurosa; lo hace y de inmediato saca una carta de su sobre y se denotan, de esta, sus bordes desgastados por las tantas leídas a las que había sido sometido ese pedazo de papel. Dos, tres, cuatro… botellas de cerveza van adornando la mesa vieja y gastada. Un salero y limones, una pequeña hilera de hojas impresas de poemas, un morral viejo, y un cenicero lleno de tabacos mal encendidos y mal fumados, es todo lo que adorna esa mesa.


El joven se dispone a leer la carta una vez más de las tantas que se adivina, ha leído. Al seguir con sus ojos cada línea se puede ver una tranquilidad y un seguimiento lento de la lectura, pero por momentos se detiene la vista en ciertas palabras que son acompañadas de un gesto de extrañamiento momentáneo. La lectura de esas dos hojas se termina y acompañada de eso, la sexta botella de cerveza.


Después de una larga reflexión en torno a su propio lugar, el joven saca una pluma y voltea una hoja impresa e inicia esta carta que se presentará a continuación, que fue extraída del bote de basura del sanitario de hombres a las 12:30 am del inicio del día después.


Querido Alfredo:


Dices, querido amigo, que no hay razones para seguir viviendo. Tu expresión me provoca una tímida sonrisa en mi rostro y hace que esquive mi mirada, que la pierda en la mesa atascada de objetos ya, inservibles.


Sabes, yo no soy el indicado para darte razones para vivir, y menos, para vivir feliz. Mi vida es una eterna confusión entre lo que fui y el producto de eso, es que soy hoy. Mis razones para vivir se han ido reduciendo como la lluvia torrencial que termina siendo una suave brizna cálida que refresca mi faz.


Mi problema, y discúlpame que me ponga de ejemplo, en esencia, es que pienso mucho, tanto cosas profundas, o sea, trascendentales para mi, como frivolidades, como mi relación con los hombres y mujeres a mi alrededor. Mi mente vuela, vuela mucho, y viaja, viaja mucho hasta el cansancio. Estoy harto, harto de mi y harto de lo que he hecho de mi. Últimamente solo he escrito sobre lo mismo, sobre el recuerdo de una usurpadora de libros y corazones. Todo me la recuerda. El bar, el sexo, los libros y los poemas. Quiero escribir sobre la naturaleza, sobre la esencia de lo humano, sobre la flor, sobre el campo y la selva, y sobre todo, el conquistar montañas con una larga vara sin corteza. No puedo, te juro que no puedo, termino relacionándola con todo. Ayer quise enamorarme de una chica linda de una extraña mezcla de verde y café en sus ojos. No lo conseguí, era muy boba comparada con mi usurpadora.


Sentado aquí, querido amigo, frente a una mesa de inutilidades quiero decirte, y que consideres, las cosas que me mantiene vivo, firme y caminando por las calles mojadas, frías, salvajes e interminables:


Empezaré remitiéndome a un vago recuerdo de mi niñez, sabes, no tengo muchos, pero esos pocos forjaron el yo del presente. Este recuerdo de mí caminando por el bosque que está cerca de la casa de los abuelos, es un recuerdo hermoso, pues trae a mi cabeza el olor a tierra mojada, a la humedad de la sierra, cientos de plantíos divididos bellamente en ejidos, y los indios caminando presurosos a cosechar sus productos al final del temporal. --Cómete un plátano o un durazno güerito –me ofrecían al pasar cerca de la piedra donde me sentaba a verlos.


Caminaba tranquilo entre las divisiones de estos que era el camino al bosque, este tenía ahuehuetes frondosos y enormes, de cientos de años, grillos, pequeñas víboras y ardillas, eran los testigos de mi entrega a la naturaleza. Ahora te digo: abandona todo. Pertenencias, amigos y relaciones y cámbialas por paseos matinales por algún bosque, por algún campo, así, pues, lárgate lejos de esta maquinaria.


Si quieres razones para seguir viviendo te diré que visites un bar, ahí están las personas más patéticas del mundo, y al verte reflejado en sus tristes rostros, pensarás que lo tuyo es cosa de nenas. Mira, por ejemplo, a este tipo que se acaba de quedar dormido de lo ebrio, frente a un plato caliente de sopa. O mira a aquél, que las meseras, que tienen la misma edad de mi madre, han decidido ignorar por su alto estado etílico. También puedes escuchar las pláticas de los vecinos de estas mesas, hablan sobre la mejor forma, o sea, fáciles, de acceder a puestos públicos con tan solo hacerte amigo de un gordo pervertido. ¿Lo ves amigo? Son lo peor de lo humano ¡Mira! ¡Mira! ¿Ya viste? A ese borrachín haciendo unas suertes de torero y tratando a las meseras como vaquillas ja! Ja! Ja! ¡Linda cucaracha camina por la pared!


Quisiera estar solo en este bar, y tal vez en realidad lo este. Deberían todos parar de hablar y tal vez, solo tal vez, se encontrarían a sí mismos. A estas gentes les es tan extraño venir a beber solos, me miran con un sentimiento de pobre joven…

Continuará…

Carta al auténtico amigo. Parte II.

26 al 31 de julio del 2009.





1° de abril de 1895
Hijo:
Esta noche salgo para Cuba: salgo sin ti, cuando debieras estar a mi lado. Al salir, pienso en ti. Si desaparezco en el camino, recibirás con esta carta la leontina (Cadena de reloj) que usó en vida tu padre.
Adiós. Sé justo.


Tu José Martí.





Continúa la carta:
De mis manos se resbalan las colillas interminables de cigarrillos. Me acabo de dar cuenta que hoy es un buen día para morir querido amigo. ¿Notas ahora mi contradicción? Qué estúpido soy estarás pensando. Se supone que te tendría que dar, a través de esta carta, las razones para no hacer una tontería como quitarte la vida y en cambio termino, al reflexionar sobre mi, convenciéndome que yo soy el que debería morir justo ahora.

Pero sabes, querido Alfredo, ahora que lo pienso muy bien moriré con el recuerdo fugaz y hermoso de todas ellas juntas, hablando entre sí de las cosas buenas que tengo, o que tuve, en el caso que tenga algunas, o por lo menos una, la verdad deberé de tener por lo menos una, es todo lo que pido.

¿Cómo se dice? ¡Ohh! sí, ya recordé: cuchicheando cosas de mí. Seria hermoso Alfredo, verlas juntas por una ultima vez, ver su belleza, ver que se tomaron el tiempo de recordarme un poco en sus puras y blancas mentes.

Sabes, gocé de muchas bocas. Probé tantas entrepiernas trémulas y húmedas. Sentí el rosar de todo tipo de pechos sobre mi rostro. Sacié mi lujuria con gemidos y bofetadas. También las amé, una a una las amé. Sentí cosas tan inimaginables al estar con ellas, al pasearme por los parques, por salas de museos con pasillos interminables y caminar por las grandes avenidas que me seria imposible describirlas en estas líneas.

Escuchar sus voces al decidir ser mis parejas, un “tal vez” o mejor un “está bien” o peor, un “déjame pensarlo”. Me perdí en los ojos bicolor de ..... y su forma hermosa de caminar con la cabeza inclinada y su masticar del lado izquierdo por su molesta muela del juicio. Me perdí en la juventud de ..... y esa alegre forma de ver la vida. Idealicé la figura de .......... y sus ojos verdes delineados de negro que me enloquecía. Sujeté los pechos firmes de ..... con los ojos cerrados y la manera inmediata como se soltó a reír. Me perdí en los interminables dreadlocks de ........, de ...... y de una prohibida llamada ....... Cometí adulterio con ..... en la cama de su marido por el simple hecho de que me volvía loco su figura y esa manera de dejar caer el pelo en su rostro cuando platicábamos de cosas que nos incomodaban. Me conquistó una chica a cientos de kilómetros de distancia. Platiqué tardes eternas sobre la vida y la importancia de la reflexión con aquella que hoy me odia. Quedé atrapado entre las piernas blancas de ....... esa tarde a fin de año y de las cuales no pude separarme por dos días. Sudé por los movimientos circulares de las caderas de Beatriz, Ximena, Sofía, Patricia, Xochitl y se me erizó la piel mil veces cuando Amanda pasaba su lengua por mi mejilla después del orgasmo. Te recuerdo Karla y tus hermosos chinos en esos tiempos en la primaria. Te recuerdo Güera, y la hermosa forma como barrías el salón en la secundaria cuando te quedabas castigada mientras yo afuera te veía y me moría de amor. Mi chica de tez blanca salpicada por eternas estrellas que me busca para llevarme lejos de todos, ella, ella que hace que su padre salte de júbilo. Recuerdo…recuerdo…han sido muchas, de las cuales hasta he olvidado sus nombres, son sombras nada más.

Creo que odio este bar, su color amarillo chillante y las meseras espantosas solo me provocan no alzar la mirada mientras te escribo esto: mi ultima carta para ti, y no obstante, para todos los que han respondido por mi y no han dudado de lo que soy y de lo que les quise ayudar.

En dirección acá, caminaba muy lento, quería sentir un poco más esa sensación de ver el ir y venir de la gente a través de los magníficos edificios del centro. El sol repiqueteando mis mejillas y quemando mi frente, hicieron que me arrepintiera y apresurara el paso a la sombra de esos colosos gigantes de piedra. Mi cigarrillo infaltable se consumía lentamente entre mis dedos al mismo tiempo que recordaba que hace ya algún tiempo no he entrado a algún museo. Pareciera que los he visto todos a lo largo de estos años de fiebre histórica de mí ser.

Carta al auténtico amigo. Parte III y última.

09-10 de agosto del 2009.





Desde Montecristi. 25 marzo 1895
Madre mía:
Hoy, 25 de marzo, en vísperas de un largo viaje, estoy pensando en usted. Yo sin cesar pienso en usted. Usted se duele, en la cólera de su amor, del sacrificio de mi vida; y ¿por qué nací de usted con una vida que ama el sacrificio? Palabras, no puedo. El deber de un hombre está allí donde es más útil. Pero conmigo va siempre, en mi creciente y necesaria agonía, el recuerdo de mi madre.
Abrace a mis hermanas, y a sus compañeros. ¡Ojalá pueda algún día verlos a todos a mí alrededor, contentos de mí! Y entonces si que cuidaré yo de usted con mimo y con orgullo. Ahora, bendígame, y crea que jamás saldrá de mí corazón obra sin piedad y sin limpieza.
La bendición.


Su José Martí
Tengo razón para ir más contento y seguro de lo que usted pudiera imaginar. No son inútiles la verdad y la ternura. No padezca.





Te seguiré contando de las cosas buenas de la vida. Ahora que pienso renunciar a ella.

Sabes, conocí muchos sonidos. Pero no esos sonidos cotidianos que atascan los oídos y que con los años nos vuelven tediosa la vida. Los sonidos de los que te hablo son más profundos, ¿sabias que hay sonidos que los humanos no podemos escuchar? Pues mis sonidos son parecidos a esos. Mis sonidos provienen de las gentes pasadas. Y tampoco hablo de esas estupideces de hablar directamente con la gente que ha partido, no es nada de ese misticismo absurdo para pasar el tiempo. Me refiero más bien a los recuerdos y los legados dejados por los pasados. De eso te hablo amigo. Escucho sus pasos de aquí para allá tratando de resolver asuntos que en vida dejaron pendientes. Por las noches se acercan a mis oídos y me hablan de cosas hermosas que esperan por nosotros, por los humanos. Me hablan de jardines colgantes en todas las casas mucho más hermosos que los de la antigüedad. Me dicen que camine seguro y con la frente en alto. Sabes, en mi cumpleaños me rodean con sus vitoreadas de alegría y euforia. Escucho como crujen entre sus dientes las calaveras de azúcar y chocolate y como destapan sus cervezas y se sirven sus mezcales y se fuman sus cigarrillos Delicados que están sobre sus tumbas. Es una verdadera locura. Ahora que parta, sus palabras me serán, por fin, claras y sabré que tanto falta para que lleguen esos días de jardines colgantes en todas las casas de todos los hermanos míos del mundo.

Creo que cuando entré a este bar supe que todo estaba perdido, pero no lo he querido aceptar sin estar lo suficientemente ebrio. Sabes, soy muy susceptible a las adicciones. Cuando probé la marihuana en la preparatoria me volvió loco, ella me llevó con esos amigos, después vino la cocaína a punto de graduarme y una reafirmación de ella en la universidad y por último esas anfetaminas obsequiadas por esa chica llamada Carmen, de vista cansada y ahora madre de un niño cuyo padre jamás conocerá; por cierto, no olvido tu pregunta ese vienes de crisis en la cantina de la escuela sobre el por qué temblaban tanto mis manos al ofrecerme ese cigarro. Por cierto, el cigarrillo es una buena manera de dejar atrás estos vicios míos, que en lo más absoluto no me arrepiento de traerlos a cuestas. Me han dado tantas cosas…

Sabes, también conocí muchos paisajes, pero no tanto como hubiera querido, para mi desgracia. Mis paisajes fueron hermosos, desde lugares desérticos hasta cascadas y abismos inmensos donde todo era mío, donde yo le pertenecía a todo. ¿No te parece hermosa esa sensación de la inexistencia del humano? Esa sensación de que eres el único ser en cientos de kilómetros cuadrados. Donde puedes gritar que te quieres follar a la vecina que tiene unos inmensos pechos, o que en realidad son una estupidez los ideales de los ignorantes. Es estar ahí pero sin poder comprobarlo. Pero, de hecho, pensándolo bien, no creo que a alguien le interese cuestionar que tú estás ahí. Tal vez esto último sea lo mejor. Ese sonido del agua ir río abajo, el ver una imagen interminable de árboles frondosos con hongos de figuras caprichosas a sus costados y pastos largos que no sabes qué contendrán dentro de sí, es un maldito otro mundo. Colinas, montañas de piedra y cerros que son rodeados por pájaros multicolores y seres que jamás has imaginado. O no me dejarás mentir sobre lo majestuoso de una playa desierta al oscurecer y decenas de gaviotas sobrevolándola sin ninguna apuración.

Se escucha al cielo tronar y oscurecer en solo minutos la entrada del bar. Tlaloc hace acto de presencia y amenaza con crear estragos entre los habitantes de tan jodida ciudad. El clima está jodido, los cambios bruscos de temperatura son solo una advertencia para lo que les vendrá después.

Sabes, también escuché muchas palabras, de todo tipo y creo que escribí muchas. Las palabras me han sido interminables. Ellas han tenido mucho significado en mí. No sé que hubiera hecho sin poder escucharlas o leerlas casi a diario. Me hacían pensar, sufrir, compadecer, despreciar, fornicar, odiar, admirar, envidiar y amar. ¿Qué no es esto la vida Alfredo? Las dulces palabras salidas de los labios de ellas. Un “me gustas” o un “ayer estuve pensando en ti” que brotan de sus labios como geranios en un hermoso patio. Pero las palabras duras que utilizan aquellas personas que se las apoderan siendo éstas muy importantes y claves diciendo, por ejemplo: “por la libertad tenemos que tomar estas medidas” o “la democracia exige un orden social irrenunciable” o “Dios te ama hermano” de estas son tantas, tantas que cansa escucharlas como escudo de barbaridades humanas, de vejaciones, de robo, de explotación.


Mis palabras, en verdad, son sinceras querido Alfredo, no busqué darles un sentido erróneo para nosotros, no quise sacarles provecho inservible, frívolo. Quise decirme a través de ellas. Creo que se prestaron muy bien al descender de mi mente, parar por mi pecho y salir expulsadas casi inmediatamente por mis brazos, manos, dedos, pluma y papel.

El golpeteo de la lluvia allá afuera en el concreto y la llegada de esa magnífica brizna de aire frio a mi espalda, me hacen pensar que he sido muy afortunado. Tal vez, solo tal vez, valga la pena estar aquí y ahora, contigo.

Te estima, te aprecia y te desea lo mejor de esta vida:


Tu amigo José.

Posdata: te pido que me hagas el favor de divulgar esta carta a todos mis conocidos. Es una hermosa manera de decirles adiós.


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El joven firma la carta, la dobla. Nota en la cuenta, que le ha traído la mesera, que ha tomado mucha cerveza y que tiene que pagar demasiado. Pasa al baño en medio del alboroto juvenil que a esa hora de la noche se da y en un arranque de rabia, tira la carta al bote y cierra la puerta. Al salir el aire frio de la calle lo obliga a ponerse su chamara y perderse en la calle Donceles no sin antes, claro, prender un cigarrillo, su último cigarrillo antes de llegar al tren.